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Introducción sobre quién soy

Personal Growth

Esta es mi primera entrada al blog. Con la intención de que me conozcan y sepan un poco sobre mis experiencias

Antes de todo, quiero agradeceros por estar aquí leyendo sobre mí y ocupando parte de vuestro tiempo en compartir conmigo.

Nací en Linares, Jaén, y con 3 añitos mis padres, argentinos, volvieron a su tierra para criarnos a mí a mis dos hermanos. Pasé una infancia hermosa en Argentina. Un país único con gente muy cálida, pero por desgracia con unos niveles de corrupción y una situación económica devastadora que ha llevado al país a vivir una fuga de cerebros desde que explotó la crisis en diciembre de 2001 con el famoso “corralito”.

Fue entonces cuando mis padres decidieron volver a España, pero esta vez a Málaga. Ellos veraneaban en Torremolinos cuando vivían en Linares, por tener algunos amigos argentinos viviendo en la costa del sol. Y no eligieron mal. Málaga se ha convertido en mi bunker durante todos estos años. Llegué con 11 años y lo considero mi casa. Siempre me trataron como uno más desde el día que llegué.

Me licencié en Psicología en el año 2015. Pude irme de Erasmus en 2013 a Polonia. Y a México en 2014 con la beca Iberoamericana. De hecho, finalicé la carrera en el país azteca. Fue la primera vez que me sentí libre de todo tipo de ataduras. Ya había terminado los estudios, tenía algo de dinero ahorrado para seguir viajando y estaba a más de 10.000km de casa.

Comencé a recorrer Latinoamérica de norte a sur junto a mi pareja de aquel entonces, Marta. Viajamos mucho por México haciendo autostop. Desde México DF al desierto de San Luis de Potosí, pasando por la Huasteca Potosina y sus majestuosas cascadas. Guanajuato, la ciudad española, Veracruz y los chamanes, Oaxaca y su misticismo, Chiapas y la cultura prehispánica en su máximo esplendor, la Riviera Maya y sus playas. Continuamos el viaje trabajando en un centro de buceo en República Dominicana durante otros 6 meses. Conseguimos el certificado “Divemaster”, guía de buceo profesional. Después volvimos al continente para viajar por Panamá y Costa Rica. Dos países de increíble naturaleza y gente muy amable.

Cuando estábamos a punto de irnos para Colombia, nos ofrecieron un trabajo como buzos de seguridad para una película de Holywood en Dominicana. No lo pensamos y volvimos a la isla para trabajar en el rodaje de “XXX” de Vin Diesel durante un mes. Al finalizar, Marta decidió volver a España y yo continuar viajando sólo.

Me fui a Colombia y recorrí Sudamérica durante casi otro año. En total fueron más de dos años viajando por las américas. Qué tremendo viaje.

De Colombia pase a Ecuador y de allí a Perú. Estuve par de meses en el amazonas experimentando con las famosas “plantas sagradas”, sobre todo con la Ayahuasca. Hice una dieta específica y realicé tres tomas en una semana, con una familia que conocí durante un voluntariado en una comunidad nativa. Fue una experiencia súper reveladora. No apta para cualquier público. En otro post entraré en más detalles.

Continué mi aventura en el valle sagrado de Cuzco por otros dos meses. Uno de los lugares más mágicos del mundo. Los pueblos de Pisac, Urubamba y Ollantaytambo. Por supuesto Aguas Calientes, dónde se encuentra la ciudad antigua de Machu Picchu. Realicé varias ceremonias de San Pedro. Un cactus considerado sagrado por los Incas y que abunda en la zona.

Llegué a Bolivia y quedé fascinado con el altiplano y sus gentes. La forma de vida tan tranquila que llevan. Con diferentes conceptos de avance y riqueza. Un país poco desarrollado visto desde la perspectiva de occidente, pero muy culto y rico en valores. Los interminables mercados callejeros me hicieron entender la cooperación que une al pueblo boliviano.

Y terminé mi primer gran viaje en Argentina. Reuniéndome con familia y amigos que hacía años no veía. Pude visitar la Patagonia, el glaciar Perito Moreno y las cascadas del Iguazú. Fue el final perfecto. Muy emocionante.

Los siguiente dos años los pasé en Málaga. Estudié Quiromasaje y Shiatsu. Y comencé a trabajar como nómada digital con un amigo que había creado una empresa de servicios en Hong Kong. Yo me encargué de la parte de recursos humanos. Captación y formación.

Esto me facilitó poder seguir viajando. Ya había caído en el gusanillo del viaje y no sería fácil detenerlo. Me fui a Medio Oriente y estuve en Turquía, Irán, Jordania e Israel-Palestina. Nunca me habían tratado de forma tan hospitalaria como en estos países. Sobre todo los dos primeros y en especial Irán. Era normal que gente desconocida me invitara a comer a su casa, me pagasen billetes de autobús o renegaran de cobrarme por un té o kebab. Del mes que estuve allí, sólo unos 6 o 7 días dormí en hospedajes. El couchsurfing funciona muy bien, y amigos de amigos que me presentaban a su gente. En total estuve unos 7 meses por el continente. Lo más duro sin duda fue entrar en Israel, viniendo de estos países mencionados previamente. Me retuvieron en la frontera del sur durante más de 4 horas. Siendo interrogado por varios agentes, que me hacían constantemente las mismas preguntas. He de admitir que pasar de la hospitalidad más pura, a caminar por el centro de Jerusalén no fue la sensación más agradable. Hui rápido para Palestina, y la hospitalidad volvió a ser. Este apartado se merece un capítulo entero de aventuras, quizás lo publico más adelante.

Siempre volvía para disfrutar del verano en Málaga. Juntarme con los amigos y ver a la familia. En esta ocasión sólo me quedé unos 6 meses en la casa de Pedregalejo que tenía alquilada con un amigo. Y me volví a ir. Rumbo al Sudeste Asiático.

Otra vez, tiempo de aventuras. Tailandia, Laos, Camboya, Indonesia, Vietnam. Tantísimas aventuras en moto, mucha naturaleza, gente muy educada. Té, arroz, sopa y noodles. Playas paradisíacas, montañas frondosas y multitud de viajeros para compartir. Fueron 8 meses espectaculares.

Desde entonces estoy en Málaga. Sólo la pandemia pudo detener el hambre de viajar. Es cómo una droga. Te habitúa a vivir experiencias vívidas a diario y al volver a la monotonía el aburrimiento y la falta de estímulos nuevos hace querer volver a consumir. En cierta medida, fue una forma de huir de determinadas responsabilidades. De posponer la alarma. Así mantenía la cabeza ocupada y el cuerpo en movimiento. Aun así, no me arrepiento de estos viajes, han conformado mi personalidad y me han dotado de infinitas experiencias que hacen que sea la persona que soy.

Durante la pandemia decidí volver a estudiar. Me acabo de recibir como Psicólogo Sanitario y me siento preparado y con ganas de trabajar. Poder ayudar a cualquier persona que caiga por aquí y esté leyendo esto.

Seguiré escribiendo entradas del blog contando más experiencias y relacionándolas con la psicología y la sanación.

¡Espero que les haya gustado! Y me encantaría recibir vuestro feedback. ¡Es la primera vez que escribo sobre mis aventuras!

¡Gracias por estar!