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La importancia de no etiquetar a los hijos

Family and kids

En este artículo os hablo de las consecuencias que tiene el etiquetar a los hijos, cómo nuestros juicios pueden marcarlos para toda la vida.

«Es un desastre», «es muy malo y desobediente», «es muy tímido», «no se entera de nada», «pasa de todo», «eres el mejor en todo», «seguro que no vas a fallar». ¡Cuidado con las «ETIQUETAS»! Hoy te hablo de la importancia de no etiquetar a los hijos.

Cuantos adultos tienen grabadas en sus mentes este tipo de frases que escuchaban de sus padres. Si te paras a pensar seguro que te viene alguna a la cabeza.

Cuando eres niño, tus referentes o tus guías son tus padres o las personas con las que convives habitualmente. Si recibes de ellos este tipo de mensajes que se repiten en el tiempo, terminarás creyendo que es verdad y que es así como están diciendo que eres.

Lo asumes como una realidad y justificas tus acciones con esa etiqueta que te han puesto. «Es que como yo siempre soy desastre…», «es que como yo nunca me entero de nada…»

La mayor parte de las veces, los padres no somos plenamente conscientes de esto, y por ello quiero hablaros hoy de este tema, para que lo tengáis presente en vuestra familia.

Al hablar, sin darnos cuenta, juzgamos y etiquetamos a los niños y de este modo condicionamos su comportamiento, produciéndoles unas heridas que pueden perdurar durante muchos años si no se reconocen, o incluso pueden condicionarles para toda la vida.

No hay maldad en esta actitud, pero si la repetimos muchas veces, el niño puede sentir que, en cierto modo, es de esa manera y por mucho que se esfuerce, no conseguirá cambiar. Esto puede derivar en un problema de superación y en un sentimiento de frustración.

¡Muchísimo cuidado con esto!

Por eso, en toda relación que mantengamos con nuestros hijos, sean niños o adolescentes, debemos prestar especial atención a la forma en que expresamos y transmitimos nuestras ideas sobre ellos. Sobre todo aquellas que afectan a su forma de ser, actuar o pensar sobre una determinada cuestión.

¿Por qué ocurre?

Porque en estas etapas de niñez y adolescencia, nuestros hijos son altamente vulnerables a la influencia que puede llegar a ejercerse sobre ellos por medio de los mensajes que reciben de nosotros, sus padres. Esto ocurre porque se encuentran en pleno desarrollo físico, psicológico y afectivo.

Un niño va formando el concepto que tiene de sí mismo en base a las valoraciones que recibe de sus padres, de sus abuelos, de sus tíos, de sus profesores… Y si desde que es pequeñito no le consideran capaz de hacer determinada cosa, muy probablemente acabe siendo incapaz de hacerla.

¡Y ojo! No porque no tenga capacidad o habilidades suficientes, sino porque su entorno más próximo le está transmitiendo este mensaje. Con lo que si damos por supuesto que son desobedientes, desordenados, vagos… actuarán de esa forma.

Pongamos varios ejemplos, cuando mi hijo cada vez que hace algo mal le digo: “eres malo”. El niño aprende así que es malo y se seguirá comportando como tal si ya instauramos en él la etiqueta de que es un niño malo.

La forma ideal de dirigirse a un niño en estos casos sería, referirnos a la conducta concreta que tiene en ese momento ,diciendo por ejemplo: “Eso que has hecho no está bien, lo que deberías hacer es…” Porque el que se porte de una determinada manera no significa que sea algo inherente a su personalidad que nunca va a poder cambiar.

Y de hecho cuando esto ocurre el niño que se “está” portando mal no “es” malo. Lo que pasa es que ha hecho algo que no está bien.

Otros ejemplos:

  • En vez de decir: “eres un desordenado” puedes decir: “recoge tu cuarto, seguro que lo haces fenomenal”
  • En vez de decir: “eres torpe” podríamos decir: “aquí estoy para ayudarte, puedes lograrlo”
  • En lugar de decir: “tu hermano a tu edad leía mejor que tú” estaría bien decir: “cada día lo vas haciendo mejor, con tu esfuerzo lograrás convertirte en un gran lector”.

De esta manera lo que estamos haciendo es potenciar sus cualidades positivas ayudando a construir una imagen de ellos mismos positiva.

Lo mismo ocurre cuando emitimos juicios positivos de forma continuada, como “eres el mejor en todo”, «segurísimo sacarás un 10”, “no fallas nunca”. Estas etiquetas también pueden llegar a tener sus consecuencias negativas. Pues puede llegar a generar en nuestros hijos una presión enorme, o incluso miedo a no fallar ni defraudar. Al final, lo que hacemos es limitar su capacidad, ¿os dais cuenta?

En definitiva, lo que quiero transmitiros es que estéis atentos a los juicios que emitís sobre vuestros hijos. Sean positivos o negativos, porque lo que digamos sobre ellos puede marcarlos toda la vida.

Así que para que confíen en sí mismos, antes tenemos que haberlo hecho nosotros. Sólo sabiendo que son aceptados tal y como son, crecerán con una autoestima fuerte y sana.